Cuando “profundizar” significa no haber cumplido

Por Alejandro León

Sabemos desde hace tiempo que las palabras no tienen significados fijos. Un término como “profundizar” puede usarse para hablar del análisis detallado de un problema o del avance progresivo de una política pública. Pero no todo uso es legítimo: un concepto solo cobra sentido si es compartido por una comunidad de hablantes. Cuando no lo es, estamos ante una distorsión del lenguaje. Como advertía Wittgenstein: “los problemas surgen cuando el lenguaje se va de vacaciones”.

En el ámbito administrativo esto ocurre con inquietante frecuencia. Términos como “continuidad”, “consolidación” o “profundización” se convierten, no pocas veces, en herramientas retóricas que permiten presentar como avance lo que es, en realidad, rezago. Se disfraza la omisión de mérito y se recodifica el incumplimiento como proyecto en curso.

Eso es justamente lo que ocurre con la solicitud de prórroga presentada por la actual Rectoría de la Universidad Veracruzana. En lugar de reconocer que muchas de las promesas centrales del periodo 2021–2025 quedaron sin cumplirse, los documentos presentados ante la Junta de Gobierno relanzan las mismas metas, ahora revestidas con el ropaje de la “profundización” o la “continuidad estratégica”.

Proyectos como el rediseño del MEIF, el sistema Aries, la expansión virtual de la matrícula, la unidad de vigilancia genómica, la red de semiconductores o el Centro de las Artes aparecen como “acciones por concluir”. Pero más que consolidaciones, son objetivos no alcanzados en tiempo y forma. Su reaparición no está sustentada en logros parciales ni en procesos sólidos en marcha, sino en una narrativa que suaviza el incumplimiento y transforma la falta de resultados en argumento de permanencia.

Cuando esto sucede, el lenguaje deja de servir a la transparencia institucional y se convierte en una estratagema de legitimación. La palabra “profundizar” ya no significa avanzar hacia nuevas metas, sino encubrir lo que no se logró. Y cuando las palabras se distancian de los hechos, también se desvanece la posibilidad de deliberación crítica, de responsabilidad pública y de decisión informada.

Lo que debería preocuparnos no es sólo que se incumplieron compromisos centrales, sino que ni siquiera se reconozca que se incumplieron. Se habla de consolidar un sistema que no existe; de profundizar una transformación que no comenzó. Lo que se presenta como futuro, es en realidad pasado sin ejecutar.

Y esto plantea preguntas que la Junta de Gobierno no pueden evadir:
¿Puede la falta de cumplimiento presentarse como mérito para prolongar una gestión?
¿La reaparición de metas no cumplidas justifica una prórroga o evidencia la necesidad de un relevo?
¿Qué precedente sentaría premiar el rezago con una prórroga de mandato?

Otorgar la prórroga en estas condiciones sería, por decisión de la Junta de Gobierno, validar una lógica peligrosa: la del simulacro. Una universidad que no puede evaluar con rigor su propio presente renuncia, de hecho, a la posibilidad de construir un futuro digno de la confianza de su comunidad. Cuando “profundizar” significa no haber cumplido, lo que está en juego no es solo un desliz semántico: es la ética de la gestión, la capacidad de conducción institucional y la legitimidad de su gobernanza universitaria.

Una prórroga cuestionable no puede encubrir una gestión insostenible. Y mucho menos justificarse en una distorsión del lenguaje que convierte “profundizar” en un eufemismo para maquillar lo que, en los hechos, no se hizo.

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1 COMENTARIO

  1. Esta frase es genial y contundente: «Cuando “profundizar” significa no haber cumplido, lo que está en juego no es solo un desliz semántico: es la ética de la gestión, la capacidad de conducción institucional y la legitimidad de su gobernanza universitaria.»

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