Un día sí y otro también, la gobernadora Rocío Nahle García sigue recorriendo los hospitales de la entidad veracruzana.
Lo hace porque es su trabajo, supervisar, atender.
Lo hace también para callar bocas, para demostrar, con pruebas, que no hay desabasto de medicamentos, como un grupo político lo está promoviendo, para sus propios intereses.
Este miércoles, en el Hospital de Alta Especialidad del puerto de Veracruz, rodeada de médicos, doctoras, enfermeras y enfermeros, dijo que su trabajo es supervisar.
“Estamos al 95 por ciento de la capacidad de medicamentos oncológicos. Los medicamentos llegan directo de México. No hay intermediarios. Hay demanda. Yo quisiera que no hubiera. Que no haya ningún niño, niña, ni adulto que requiera esto. Lamentablemente cuando se requiere, se debe tener… A nuestros pacientes se les respeta. Estoy aquí para revisar”, dijo la gobernadora en un video.
“Vine a agradecerles a los médicos, son jornadas larguísimas. Vine a ayudarles. Muchas gracias por todo su trabajo”, les dijo.
Sin embargo, a pesar de todo el esfuerzo que está haciendo la mandataria, se ha enderezado una campaña en su contra y en contra del sistema de salud de la entidad.
No cabe duda que cuando no se puede desacreditar el trabajo de una funcionaria con resultados, se intenta hacerlo mediante rumores, acusaciones recicladas y señalamientos dirigidos hacia su entorno familiar.
Eso es lo que está ocurriendo en Veracruz, para lastimar a la gobernadora Rocío Nahle García.
En esta campaña negra se intenta lastimar su persona y su familia.
Los estrategas de la mentira no respetan ni se tientan el corazón.
Se les olvida que una cosa es cuestionar a una gobernadora —algo absolutamente legítimo en una democracia— y otra muy distinta es construir una campaña permanente de desprestigio a partir de acusaciones que se reciclan de manera coordinada y sin aportar elementos nuevos.
También llama la atención que, cuando el argumento político no alcanza, el ataque termine desplazándose hacia la familia: si no pueden con la funcionaria, intentan golpearla a través de quienes la rodean.
Rocío Nahle puede y debe ser cuestionada por sus decisiones de gobierno. Se pueden discutir sus políticas, sus resultados, sus prioridades, incluso reconocer sus errores y sus aciertos. Eso forma parte de la democracia y del ejercicio de la función pública.
Pero otra cosa es convertir cualquier rumor relacionado con su familia en una herramienta política.
El debate debería estar en Veracruz, en sus hospitales, sus carreteras, sus escuelas, sus inversiones, sus obras, sus finanzas y en cada una de las decisiones que toma el gobierno estatal. Ahí es donde debe medirse a una gobernadora.
Porque cuando una acusación necesita ser repetida una y otra vez para mantenerse vigente, quizá el verdadero objetivo ya no sea informar a la sociedad, sino desgastar a quien gobierna.
Y eso se llama ataque político.
Sin embargo, la gobernadora está blindada por sus acciones, por la respuesta inmediata que da a las crisis, porque tiene el tamaño, el carácter y la fortaleza para hacerlo.


