#ElEmisario Gran diferencia entre diputados: uno se ensucia las manos, el otro sólo el saco

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Por Euclides Solano

Hay políticos que cuando llega la tragedia se arremangan la camisa… y hay otros que sólo se arremangan para la foto.

En las recientes inundaciones en Veracruz, quedó clarito que no todos los diputados cortan parejo. De un lado, tenemos a Héctor Yunes Landa, ese eterno “favorito por dedazo”, que no conoce una urna desde hace años pero sí conoce bien el ángulo de cámara donde sale más alto, más guapo y más “solidario”.

Llegó al desastre como quien llega a una pasarela: con equipo fotográfico de primera, fotógrafa personal y un discurso que sonaba más a spot de campaña que a mensaje de empatía. ¿Ayuda real? Pues llevó unas escobas y una despensa más flaca que presupuesto de ayuntamiento chico. Dicen que la gente lo veía pasar con la misma emoción con la que uno ve un comercial de detergente: sin ganas y con la sospecha de que todo es puro cuento.

Yunes quiso robarse los reflectores, pero la gente lo ignoró olímpicamente. Ni los paisanos le compraron el teatro. Se paseó, sonrió, habló bonito… y se fue. En resumen: el clásico político que “va, ve y se va”, sin dejar más huella que la marca de sus zapatos en el lodo.

EL OTRO LADO DE LA MONEDA

El otro lado de la moneda, sí, el otro lado de la moneda lo es Esteban Bautista Hernández, el diputado que sí sabe ensuciarse las manos.

Mientras el “diputado de dedazo” buscaba su mejor pose, en otra zona del estado un maestro indígena, diputado también, hacía lo que pocos hacen: trabajar de verdad, sudar, ensuciarse las manos y la camisa.

Esteban Bautista no llegó con cámaras, llegó con pala. No llegó con discurso, llegó con acción.

Lo vieron limpiar calles, remover escombros, repartir despensas completas —no las “de utilería”— y hasta echarse un taco con las manos sucias, como cualquier ciudadano que ha pasado horas trabajando. Porque sí, Esteban Bautista no viene de apellidos rimbombantes ni de fortunas heredadas; viene del pueblo, habla la lengua de su gente y, sobre todo, entiende lo que duele perderlo todo.

Dicen que hasta los mismos opositores se quedaron callados al verlo trabajar. Les dio cátedra de cómo se ayuda sin cámaras, sin aplausos, sin hashtags. Porque mientras otros hacen anuncios de donaciones, él ya dijo que va a poner de su propio sueldo para apoyar a los damnificados. Y no lo presumió, lo hizo. Así las cosas. Usted, amable lector, saque sus conclusiones.

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