De recuerdos y olvidos

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Roberto Yerena Cerdán

¡Qué pobre memoria es aquella

que sólo funciona hacia atrás!

Lewis Carroll

La imprecisión de los recuerdos es una condición ingrata que nos obliga a recuperar el sentido de nuestro pasado como si lo tuviésemos que volver a vivir. La vida de cada quien se entrelaza con la vida de los demás; porque de cierta manera, ¿quiénes somos, si los otros no nos reconocen y no nos recuerdan? Si no estamos en su memoria, no existimos. De igual suerte, ¿quiénes son los otros si no los hacemos nuestros? Y no me refiero a que los acojamos gratamente o de mala manera; así lo tengamos plenamente justificado porque estamos seguros que se lo merecen. Porque traer a nuestra mente al prójimo es un ejercicio cotidiano que logra su propia decantación a partir de las conexiones que nos vinculan en la vida con una gran variedad de seres que son nuestros referentes inmediatos, a quienes nuestra memoria recrea y reinventa, volviéndolosentrañables y, en cierto modo, inolvidables.

La memoria no solo nos remonta al pasado, sino que vuelve a este un presente y nos lo arroja en la cara para lidiar con nuestros recuerdos; de tal forma que, si hemos vivido ciertos años, estos se funden como presencias reales cuando la memoria los atrapa. Pero, ¿qué cosas somos capaces de recordar? ¿Se trata de una acción deliberada y selectiva de nuestra mente? ¿O es la presencia azarosa y atormentada que nos abraza, para luego abandonarnos cuando se le antoja?

La vaguedad o la precisión de los recuerdos no importan. Lo que importa es la sensación; así sea el deleite de la remembranza o el tormento de afrontar los sufrimientos y errores del pasado. Los recuerdos son los huracanes de esepasado que nos hacen retornar a escenarios que creíamos superados y que se nos revelan como un dejà vu. En este sentido, todo presente es un pasado en ciernes, que puede ser tan inmediato como remoto, y que volverá cuando menos lo esperemos.

La infancia es un deleite para la memoria. A los pocos años de haber superado nuestra estancia en el vientre, adquirimos eso que se llama tener “uso de razón”, que no es mas que adquirir el sentido primigenio de nuestra existencia. Y no es una futilidad preguntarnos cuál es nuestro primer recuerdo. Sin duda, esta primera revelación se remonta al seno de la familia, reconociendo en ella las relaciones de parentesco y los vínculos sentimentales entrelazados por el amor filial. Y casi en lo inmediato, el barrio se revela como el escenario cotidiano donde comenzamos a ser nosotros en relación a presencias diversas y peculiares.

Entonces, aparecen en nuestra vida aquellos personajes únicos e irrepetibles que fueron rebautizados con apelativos originales y gozosos, para afianzar lo que se supone fueron sus rasgos característicos. Así, sin reservas, se destruían reputaciones o se inventaban famas: el guapo del barrio; el calavera de buena fama; los ricos venidos a menos; los apellidos de alcurnia y lo que quedaba de ella; la coscolina que todas querían ser; el borracho irredimible; la señorita que aparentaba serlo; la dama honorable y el hombre intachable; la oveja negra de la familia; el hijo pródigo. Todos estos imaginarios eran representados con sobrenombres –por demás, hilarantes– sometidos al consenso del vecindario. “La patas de trapo”; “El campamocha”; “Las te muerdo”; “La india bonita”; “El caldo de habas”; “La mil amores”; “El cacas”; “Los coco duro”; “Lupe la cacariza”; “La cinturita”; “El mojarra”; “El caderas”, “Don quinto patio”; “El cosa juzgada”.

Funes el memoriosola brillante narración de Jorge Luis Borges que corresponde a la segunda parte de su obra Ficciones– es un personaje abrumado por los recuerdos y alucinado por la precisión de los mismos. Lo que dice recordar lo lleva a reinventar los códigos del lenguaje y las formas del mundo. Puede recordar las horas y mencionarlas cuando suceden. Era capaz de reconstruir un día completo con absoluta precisión, lo que le llevaba hacerlo todo un día. Tal era su convicción y su martirio, que afirmaba: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo … Mis sueños son como la vigilia de ustedes … Mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras. Pero llegó a la cuenta que recordar el infinito era imposible e inútil y que, al llegar la muerte, ni siquiera habría acabado de clasificar los recuerdos de la niñez.

Todo es memoria. Borrosa o minuciosa. Puede no ser el principal recurso cognitivo; pero sí resulta imprescindible. Porque decimos saber (la información) y conocer (la esencia); pero inevitablemente habremos de recordar el dato y tener grabada la secuencia o la relación funcional de la naturaleza. Entonces recordamos para mantener el conocimiento, igual que para conservar aspectos emocionales de nuestra vida. Porque recordamos a personas y contextos; del mismo modo como grabamos una ecuación, el nombre de un hueso de nuestro cuerpo, una fórmula química o cualquier teoría científica. Y es esta misma memoria la que nos permite preservar el concepto del origen divino del universo y el devenir de los hombres. Me atrevería a decir que la memoria es el juego del tiempo que hace posible el instante de la eternidad.

La muerte, sin duda, es el verdadero término de todos los tiempos y el fin de la memoria. Pero cuando aquella llegue –ignoro cuando fugaz sea este instante–serán los sentidos los que se revelarán y nos darán la despedida en unaexperiencia paradójicamente memorable. El aroma de una piel, más allá de la intensidad de un perfume. El sabor de una vianda que nos deleitó el paladar y se convirtió en nuestro platillo favorito. La visión de un paisaje que nunca vimos en la vida, pero que siempre imaginamos. El roce sensual de un cuerpo que atrajotodos nuestros sentidos. El acorde de una pieza que ojalá volviésemos a escuchar en el reino celestial. No espero, como suele decirse, que en ese momento final se aparezca toda nuestra vida como una película. Bastaría con ver un rostro y sentiruna mano que cierre nuestros ojos.

Pero existe algo más allá de los sentidos que también se resguarda en la memoria, quizá con mayor intensidad de gozo o dolor, y es el recuerdo de un amor dado o recibido, si es que alguna vez se vivieron. Por el contrario, para nuestro tormento, también los rencores se guardan atesorados como venenos eternos. De aquí que el argumento convencional de decir que se perdona, pero no se olvida, en realidad significa que, al parecer, somos incapaces de perdonar. Así se entona en las dolientes líneas de una pieza sonera interpretada por Héctor Lavoe: “El pasado no perdona. Hoy cúrate llorando.” El mismo Borges –nadie más alejado de la lírica caribeña– lo dijo con su celebrada sagacidad y su espírituafligido: “El olvido es la única venganza y el único perdón.”

El olvido es todo aquello que fuimos y ya no somos, porque ya nadie nos recuerda. La memoria es el poder vernos como fuimos y quizá no quisimos ser, porque hubiésemos querido ser mejores. Sin memoria no hay existencia. Sin memoria, nadie podría escribir lo que escribe; porque son los recuerdos los que dictan las líneas del presente. Porque el lenguaje es la trama de los sueños, y los sueños también son memoria.

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